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Uno puede pensar que, vista una Semana Santa, vistas todas. En general, nada más lejos de la realidad. En particular, en el caso de Cartagena, toda una equivocación. Y es que la de Cartagena ha desarrollado una identidad propia a base de enormes tronos que se caracterizan por sus arquitecturas de flores y luz, una imaginería firmada por grandes escultores como Francisco Salzillo o Mariano Benlliure y una forma de desfilar con un orden exquisito, en completo silencio y siguiendo el ritmo que marcan las bandas y tambores con sus marchas procesionales. Por no hablar, de los piquetes militares que escoltan muchos de los tronos.
Serán las cinco cofradías de la ciudad (que nadie piense que son pocas porque se subdividen en diferentes agrupaciones) las que se salgan en procesión entre el Viernes de Dolores (27 de marzo) y el Domingo de Resurrección (5 de abril), llenando las calles con sus pasos y tiñéndolas de los colores negro, rojo, morado y blanco de sus vestimentas.

Apréndete estos dos nombres. Es como se conoce a los integrantes de ‘La Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno’ y a los de ‘La Pontificia, Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús en el Doloroso Paso del Prendimiento y Esperanza de la Salvación de las Almas’. Se dice que a los marrajos les bautizaron así porque obtuvieron los ingresos que necesitaban para los gastos de una procesión de la venta de un tiburón marrajo; y que los californios le deben este nombre a la influencia que tuvieron en la cofradía gentes adineradas procedentes de California.
Claro está, la rivalidad entre ambas está garantizada, los intentos constantes de superarse, también; y eso, para goce y disfrute del público, se tradujo en procesiones cada vez más espectaculares que cuentan hasta con granaderos vestidos con uniformes que replican los del siglo XVIII. Los marrajos se encargan de las procesiones más antiguas de la Semana Santa de Cartagena: la del Encuentro y la del Santo Entierro (en la madrugada y la noche del Viernes Santo), además de la de La Piedad y la de la Vera Cuz. Mientras que la del Prendimiento (Miércoles Santo por la noche), la del Cristo de la Misericordia (Viernes de Dolores por la noche), la del Domingo de Ramos y la del Silencio (Jueves Santo por la noche) son cosa de los californios.

Sabemos que tú lo que quieres es vivir las procesiones, dejarte envolver en sus silencios, sorprenderte con los aplausos espontáneos del público o emocionarte con una saeta. Ahora bien, te animamos a que te dejes caer por la iglesia de Santa María de Gracia horas antes de la salida de los cortejos. Desde ella arrancan la mayoría de las procesiones y será allí donde puedas ver cómo se preparan los tronos, el trabajo de los artistas florales, cómo visten a las imágenes…
Disfrutar de las procesiones te permitirá también disfrutar de la ciudad, mientras te ubicas para verlas o caminas para acompañarlas. Créenos con todo ese movimiento y tantas horas de vida en la calle, Cartagena estará con el guapo subido. No dejes de acercarte al puerto, donde se respira más vida que de costumbre con la salida de algún que otro cortejo ni te olvides de que monumentos como su Teatro Romano siguen allí, esperando tu visita.
Y por si esto no te parece bastante, la ciudad ha puesto en marcha una programación cultural con más de 100 actividades vinculadas a la Semana Santa. Están celebrando mesas redondas, pasacalles, presentaciones de libros, meditaciones, teatro o exposiciones.

Estamos en Cartagena. Nos encontrarás en el Sercotel Alfonso XIII Hotel y en el Sercotel Carlos III Hotel. Ambos céntricos a rabiar, situados a tan solo un corto paseo del Teatro Romano o del Puerto. Perfectos para llegar, aparcar el coche en nuestro parking y tenerlo todo a mano: la vidilla de la ciudad en estos días y la calma y la tranquilidad que te ofrecemos con solo traspasar el umbral de nuestra puerta. También ese tipo de detalles pensados para hacerte fácil y gustosa la escapada: desayuno buffet, carta de almohadas, gimnasio… Tú pide, que nosotros nos encargamos.
