Cualquier visita a Murcia comienza deambulando por su casco antiguo. Volverás a pararte ante su Catedral, a enamorarte de esa fachada que es puro deleite barroco y a adentrarte en su interior entre elementos renacentistas y góticos. ¿Quién da más? La propia Catedral, cuando te proponga un ascenso a su torre que, con más de 90 metros, es la segunda más alta de España.
Tendrás que tocar tierra si quieres recorrer las calles Platería y Trapería. Sus nombres les vienen por los artesanos de la joyería y las pieles que trabajaban en ellas. Hoy en día, el paisaje ha cambiado, aunque todavía es posible respirar la esencia de otros tiempos en edificios como el Real Casino de Murcia. Construido a mediados del siglo XIX, su señorial espectacularidad le valió ser declarado Bien de Interés Cultural.
Llegados a este punto, habrás hecho hambre. Te diremos que en Murcia se estila lo de tapear y que no puede faltarte la marinera: rosquilla alargada de pan, ensaladilla rusa y una anchoa. Se dice que la que preparan en el Café Bar Gran Vía, en el Paseo de Alfonso X, es deliciosa. Después, cuando el cuerpo te pida más, recuerda que aquí manda la Huerta y que pistos, ensalada murciana, arroz con verduras o habichuelas te harán feliz.
Quizá quieras estirar la sobremesa. Lo entendemos, pero te recomendemos fuerza de voluntad para seguir explorando la ciudad. Todavía no te hemos hablado de sus museos y no nos extrañaría que te apetezca excavar en el pasado de Murcia a través de su Museo Arqueológico; deleitarte con el arte islámico de la Región, en el de Santa Clara; o conocer algo más de su escultor más famoso en el de Salzillo.