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Es más que probable que la Mezquita-Catedral figure entre los imprescindibles de tu radar viajero. Querrás comprobar que esa imagen que tantas veces has visto, la de los arcos de colores en una sala trufada de columnas, existe. Querrás ver cómo conviven estilos y épocas en un mismo espacio. Y, claro, no renunciarás a pasear por su Patio de los Naranjos.
Te resultará tentadora la posibilidad de quedarte allí todo el día, pero te acordarás de ese mapa turístico lleno de paradas y querrás lanzarte a descubrir cuantas más, mejor. Sin prisa. Antes, permítete una pausa para coger fuerzas. Aquí, se hace a base de salmorejo, flamenquines y alguna terraza bien elegida. Pura delicia gastro.
Después, te espera el Alcázar de los Reyes Cristianos, un palacio y fortaleza donde se mezclan arquitectura, Historia e historias. Por aquí pasó Cristóbal Colón para verse con los Reyes Católicos, y por aquí pasarás tú para descubrir sus patios, sus torres y esos jardines con caminos, albercas y fuentes que le dan al conjunto ese plus de belleza que solo el agua sabe poner.
Te diremos que en Córdoba se estila terminar el día por todo lo alto: viendo desde el Puente Romano cómo la ciudad gana enteros de espectacularidad a medida que se ilumina con la llegada de la noche. A tus pies, el Guadalquivir fluye tranquilo. Frente a ti, la ciudad parece quedarse suspendida entre siglos. No está mal para cerrar el primer día.

En 2026, los Patios Cordobeses viven sus días grandes del 4 al 17 de mayo. Si viajas en esas fechas, prepárate para una ciudad que huele a flores, macetas recién cuidadas y tradición compartida. Si tu escapada cae fuera del festival, tampoco pasa nada: Córdoba sigue teniendo patios que visitar durante el año.
Un buen ejemplo es el Palacio de Viana, con 12 patios y un jardín que resumen muchas formas de entender la vida cordobesa alrededor de la sombra, el agua, las plantas y la calma. Eso sí, antes de ir conviene consultar horarios, porque pueden variar según la temporada y no abre todos los días del año.
Una vez visitado este palacio, volverás hacia el centro, a los alrededores de la Mezquita-Catedral. No pienses que ya los has paseado lo suficiente: te recomendamos regresar a sus calles sabiendo que estás entrando en la Judería. Piérdete por su entramado de callecitas estrechas, camina entre paredes blancas, encuentra la famosa Calleja de las Flores y hazte una foto en ella. Y, si coincide con el horario de apertura, entra también en la Sinagoga, una de esas visitas pequeñas en tamaño y enormes en historia.
Antes de marcharte de la ciudad, el alto en el camino lo harás para probar el rabo de toro que sirven en la zona y brindar con un vino de Montilla. Entonces, sí, aunque no quieras, será el momento de decir adiós. O casi. Porque todavía queda una última sorpresa: Medina Azahara, los restos de la ciudad palatina que Abderramán III mandó construir a las afueras de Córdoba. Está a unos pocos kilómetros del centro y es una visita perfecta para entender la dimensión del legado andalusí de la ciudad.

Apunta dos nombres: Sercotel Córdoba Medina Azahara y Sercotel Córdoba Delicias. Nuestros hoteles están pensados para escapadas relajadas, de esas que te piden a gritos que hagas un rato de pereza en la cama, que alargues el desayuno con otro café y que descanses como toca después de patear la ciudad.
El Sercotel Córdoba Medina Azahara te sitúa en una ubicación cómoda para moverte por el centro y cuenta con piscina en la séptima planta, perfecta para refrescarte cuando el calor cordobés se pone serio. El Sercotel Córdoba Delicias, por su parte, está bien conectado, dispone de piscina exterior en temporada y tiene ese punto práctico que se agradece cuando viajas con ganas de verlo todo, pero también de parar.
Porque Córdoba se camina, se mira, se come y se recuerda. Y cuando el día termina, tener un lugar cómodo al que volver también forma parte del viaje.