El Camino de Santiago está formado por muchos kilómetros, pero también por pequeños momentos que hacen que la ruta sea especial: una conversación al final de la etapa, un sello más en la credencial, una comida compartida con otros peregrinos o esa sensación de quitarte la mochila después de una jornada caminando.
El Camino Francés en Logroño es una de esas paradas que merece disfrutarse con calma. La capital riojana combina la esencia del camino con todo lo que un peregrino puede necesitar para hacer una pausa: un lugar donde descansar, una gastronomía reconocida y un casco histórico lleno de rincones por descubrir.






